El domingo 23 de marzo, para nuestra diócesis y para nuestro musical fue un gran día. Tres de los nuestros (de nuestra iglesia particular de Cuenca y de nuestro musical), tres de entre nosotros, fueron recibidos al ministerio del acolitado por D. José María Yanguas, nuestro obispo. En su homilía, los animó a «no hacer teatro, sino a servir en espíritu y verdad…». Son conscientes de que el servicio que realizarán no es una representación, sino la renovación del Sacrificio del Calvario. En escena, representan, en su acolitado, revivirán.
Sin embargo, estamos seguros de que no dirán adiós al escenario… Carlo Acutis, apóstol de la Eucaristía, les guiñará un ojo en su servicio al altar, entre la envidia y la protección especial. El evangelio del domingo llamaba a la conversión radical pero, entre líneas, la conversación entre el dueño de la higuera y el viñador que la cuidaba amplió ante nuestros ojos el ministerio de Álvaro, Pablo y Ramón.
Cuando, al repartir el Pan consagrado, su voz nos advierta de que recibimos el cuerpo de Cristo, su corazón intercederá ante el dueño de la higuera, de nuestra higuera-corazón: «yo cavaré y la abonaré, espera y confía, que este pobre corazón dará fruto». Comulgar de sus manos será una doble bendición. A nosotros nos hablarán del cuerpo de Cristo y, a Cristo, de nuestro corazón.
La higuera da fruto, porque es del Señor. Original, el paso de Carlo es una higuera con frutos. Damos gracias al Señor de la viña por ello, y no perdemos de vista la responsabilidad en dar a conocer el nombre de Jesús.
Nuestro servicio de evangelización es, también, el don de ver cómo la Gracia actúa y revive la fe de tantos espectadores.
Álvaro, Pablo, Ramón, gracias por ofreceros para servir al altar. El Señor que de su Sacrificio sacó la Vida eterna para nosotros y que, en palabras de Carlo, permanece entre nosotros como autopista hacia el cielo, os ha elegido para mediar entre Él y nosotros como ministros: seguid siendo dignos de ese nombre.